domingo 27 de julio de 2008
LA PASIÓN SEGÚN SAN ATEO
Berti sigue caminando. Hace bien. Dice que la verdad de cada uno es lo que hace. Piensa como su meister Goethe que en el principio está la acción. Un oficinista marcando, revisando, escribiendo y sellando folios termina siendo un papel. No amigo Berti. El verdadero hombre está abajo, sepultado entre expedientes, en la ruina de la rutina. Fijáte. Esos muchachones tomando cerveza ahí en la vereda, tirando latas y discutiendo si el penal del partido de Boca~River valía la pena, o la pena valía el penal. Las voces crispadas, arrastrándose en el barro de lúpulo. ¿Son los mismos que mañana se sentarán en un pupitre del Colegio Nacional? Saquen una hoja. Fila uno, fila dos. Tema: la razón de ser del hombre. ¿Cómo es eso, profesora? Sí, mi hijo; una cuestión más bien simple. Contestáme una pregunta: ¿Por qué existís, si el crespudo Leibniz dijo que “casi todo puede integrarse y armonizarse en un mundo mejor”. ¿Cómo que qué tiene que ver? ¿No te das cuenta de que ese “casi” significa que podríamos prescindir de vos para ser completamente felices? ¿Por qué estás aquí? Estoy porque mi mamá me trajo al mundo. No me vengas con cuestiones obstétricas. ¿Y para qué te trajo a este valle de lágrimas? ¿No ves que la pregunta sigue en pie? ¡Podría haberse ahorrado el trabajo de parto tu madre! Y un mundo sin vos, no sería demasiado distinto. Viendo lo que se ve, más bien sería un poco mejor. Pero ya que estás, por lo menos tratá de justificar tu estadía. No te rías, Berti. El flaco que tiró el envase de Coca Cola podría escribir una tesis sobre el asunto mañana en el quinto curso. ¿Qué me decís? ¿Qué dicen tus amigos artistas? No dicen nada, trabajan. ¿En qué trabajan? Tratan de ver la verdad dando manotazos en la oscuridad de sus pasiones. Entonces, no sirve. Somos gigantes con ojos de bebés. Nuestra mirada puede abarcar todo, menos a nosotros mismos. ¿Qué van a ver? Espejismos, Berti. Un ballo in máschera. Si nos viéramos íntegros, sólo entenderíamos partes. Cuando vemos partes, no sabemos cómo es el todo. Estamos condenados a ver las sombras de la caverna, como dijo el pariente Platón. Sólo que se olvidó de decir que son nuestras sombras. Nos asombran nuestras sombras. Sombras nada más. En el bolero, Berti, hay más filosofía que la que puede fundar nuestra imaginación, la de Hamlet y Horacio juntos. Pero yo estoy buscando saber quién soy, Berti. Y no consigo sino aumentar mis dudas.
(Fragmento de La pasión según san ateo)
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sábado 10 de mayo de 2008
HISTORIAS DE LA VACA
LA VACA ________________________
Y LA LLUVIA _____________________________
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La Vaca, la Vaca .........................................................................................................
Juega a las barajas. ......................................................................................................
La lluvia, la lluvia ........................................................................................................
Cae rubia y turbia. .......................................................................................................
La Vaca murmura .......................................................................................................
Su canción de cuna. ....................................................................................................
“Duérmete ternero .......................................................................................................
Hasta el seis de enero .................................................................................................
Que vendrán los Reyes ................................................................................................
Si no tienen fiebre”. .....................................................................................................
La lluvia de ayer ..........................................................................................................
Deja de caer. ..................................................................................................................
La del mes que viene .....................................................................................................
Pasa por un peine, ........................................................................................................
Se lleva el jabón ............................................................................................................
Con ella, al Japón. .......................................................................................................
La Vaca, la Vaca ...........................................................................................................
Dice que está flaca. .......................................................................................................
Un fardo de heno ..........................................................................................................
Le cae indigesto. ...........................................................................................................
El hijo-Ternero .............................................................................................................
Nunca tiene sueño. .......................................................................................................
Se pasa las noches ........................................................................................................
Haciendo fantoches .....................................................................................................
Asusta a la Luna ...........................................................................................................
Que es sola y es una. ....................................................................................................
Que si fueran dos ..........................................................................................................
Tendrían razón. ...........................................................................................................
Pero es una sola ............................................................................................................
Y llueve y se moja ..........................................................................................................
Con mucha congoja. .....................................................................................................
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by: alejandro maciel
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viernes 25 de abril de 2008
LA MUERTE EN EL NILO
LIBRO DE LA MUERTE,
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SEGÚN LOS NILOTAS
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En plan de crear dioses para que éstos crearan el mundo y sus calamidades, los egipcios no ahorraron recursos y si bien su teología registra dioses que se esperan hallar en cualquier religión, también se manifestaron dioses insólitos, como el “protector contra los dolores molares”.
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Los papistas, se me dirá, tienen en Santa Apolonia una eficaz abogada contra la caries y toda forma de enfermedades dentales. Pido una consideración adventicia. La santa sufrió en carne propia los dolores odontológicos ya que en tiempos del Imperio los lúbricos romanos la torturaron desdentándola sin anestesia ni necesidad por negarse a fornicar con algún dignatario indigno.
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Por esa extraña ley de las correspondencias que cultivan los hagiógrafos quien sufrió la amputación de las ubres será abogada de lactancias, quien ha sido supliciado con fuego como el mártir Lorenzo será un excelente bombero, la santa a quien se le arrancaran ambos ojos es hoy patrona de los oftalmólogos. Nada sé del pasado de esa divinidad faraónica con forma de cocodrilo que tutelaba los malestares bucales para merecer tan alto designio.
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En el escalafón de la teología faraónica hay una trinidad que es también una fraternidad: Osiris, Isis y Neftis. Como el Cristo, Osiris es asesinado con saña, mutilado y arrojado la río desde donde es rescatado por su hermana y esposa Isis y devuelto a la vida.
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Para regocijo de nuestras investigaciones añorada lectora, cauto lector, buscando dioses pescamos otra forma de la eternidad en el “Tratado de Isis y Osiris”, de Plutarco . Hay más grecierías que mitología faraónica en el libro de Plutarco pero en el descuido de la transcripción el escritor cometió la originalidad de describir los epagómenos: cinco días adicionales del calendario que no pertenecen al año que pasó, no son actuales ni se injertarán al almanaque del futuro. Es un tiempo no-temporal, ahistórico, acrónico.
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Antes de inventar los epagómenos el calendario tenía 12 meses de 30 días pero nunca nada sigue siendo igual después de haber nacido tiempo, la cicatriz de aquel acontecimiento mitológico será una variación en la agenda faraónica que siguió computando cinco días adicionales a cada año a partir de entonces.
Vayamos al relato.
alejandro maciel, abril 2008.
jueves 13 de marzo de 2008
HOMEROMERÍAS (La Odiosea de la Odisea)
No me resigno a los XXIV cantos de la Odisea. Me pregunto por qué la Ilíada que no es más que el detallado parte oficial de la Guerra de Troya debe tener más cantos que este fascinante viaje lleno de peripecias y seres encantados, magas y muertos que nos azuzan la imaginación para intuir que más allá de las trivialidades domésticas se anima un mundo lleno de promesas. O a la inversa, que los mínimos gestos que cotidianamente repetimos como autómatas (una despedida, un revés en nuestros planes) se prolongan en causas desconocidas y hasta metafísicas como sospechó Andrónico de Rodas al catalogar el corpus aristotélico.
A riesgo de parecer petulante, intrépido y temerario me propuse escribir un capítulo más de la Odisea. Borges y Roa Bastos predicaban sin desmayo que toda obra literaria es colectiva, que de algún modo al leerla la creamos y recreamos. No me basta con el amago de reescribir potencias, quiero pasar al acto y para ello pido auxilio al padre de la Historia. Lo que Homero insinúa sobre tierras lejanas Herodoto de Halicarnaso lo escribe y describe como si soñara en sus Nueve Libros de la Historia. Saqueando datos de aquí y allá tuerzo el capricho de Poseidón para llevar la quilla de la nave según la imaginación me guíe a través del Mare Nostrum y Dios me libre de la felonía de pretender igualar el estilo homérico. He decidido agregar un capítulo escandalosamente espurio a la gloriosa Odisea. Sálvese de mi grafomanía la íntegra Odisea con todos los episodios de los que trataré de hacer una breve referencia para devolver a la memoria del cauto lector y la propicia lectora las peripecias del héroe astuto y vulpino. La Odisea empieza donde culmina la Ilíada, en las costas teucras después de la destrucción del “alcázar de Príamo”, es decir Troya. Los Atridas que dirigieron la contienda (Agammemnón y el rubio Menelao) se despiden en las ariscas costas de todos los guerreros, príncipes y soberanos reyes que reclutaron como generales para su campaña colonizadora, entre ellos Ulises.
¿Vamos a escribir juntos, ínclito lector, enjundiosa lectora un capítulo declaradamente impostor para La Odisea?
Esa es la desventura que les propongo. Como decía un insigne ex gobernante mafioso:'síganme, no los voy a defraudar'.
Así nos fue a los argentinos. QEPD.
alejandro maciel > La odiosea de Odiseo.
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martes 21 de agosto de 2007
INTEGRACIÓN ENTRE BRASIL E HISPANOAMÉRICA
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BRASIL E HISPANOAMÉRICA,
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LOS GEMELOS UNIDOS
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POR LAS ESPALDAS.....
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Con esta imagen terrible un autor brasileño definió la relación cultural entre el gigantesco Brasil y el resto de Hispanoamérica.
Con la gente del NIRE creado en la Embajada Argentina del Paraguay con un grupito de escritores alojados por el entonces embajador de Argentina en Paraguay, Félix Córdova Moyano, creamos este grupo cuyo objetivo principal es y ha sido la integración cultural real, más allá de los discursos políticos y coyunturales que venimos escuchando como cantos de sirenas desde hace más de 20 años.
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Creamos la revista-libro "Palabras Escritas" que edita Servilibro de Asunción, 230 páginas y con frecuencia semestral. En la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 20007 se lanzó el Nº 3 en el día dedicado al Brasil, organizado por la Embajada de Brasil en Buenos Aires. El Nº 4 se presentará en la Feria del Libro de Porto Alegre el 4 de noviembre próximo, acto coordinado con Sandra La Porta de la Cámara del Livro de RGS y los escritores Amanda Pedrozo, Luis Hernáez y Alejandro Maciel.
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El NIRE tiene su propio blog:
http://palabras2008.blogspot.com/
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sábado 28 de abril de 2007
BREVE HISTORIA DEL DIABLO
BREVE HISTORIA DE SATANÁS
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I.
No desespere el pávido lector, la temerosa lectora; no iré a narrar una documentada hagiografía al revés, ni las crónicas inciertas de un personaje inmaterial, ni conjeturas acerca de la supuesta evolución de una idea que, si bien la patentó el Judaísmo al inscribirla dentro de sus memorias, la precede cientos de años si hemos de dar fe a las tradiciones orales y a los pictogramas. No veo objeción alguna para darle crédito en el banco de nuestra malograda mala fe a los ideogramas y pictogramas ya que a fin de cuentas la historia judía también ha sido escrita con signos ordenados y secuenciales; la misma historia humana duerme en documentos escritos que sin embargo gozan de un prestigio inusitado como si ignorásemos que esas mismas palabras usan algunos periodistas con calamitoso descaro para mentir sin un ápice de pudicia desde las redacciones de periódicos que leemos con la misma fe que un rabí lee la Torá. Si creemos a unos, ¿por qué negarle el derecho a las tablillas cuneiformes? Si éstas no engañan como algunos periodistas, durante el cautiverio de Israel en Babilonia bajo el gobierno de Nabucodonosor los levitas aprendieron las tretas del astuto Ahrimán contra la complacencia de Ormuz, su anverso benévolo.
Desde que empezaron a escribir el Pentateuco los rabí sabían que necesitaban una fórmula para salvar el abismo abierto en su sistema de creencias. En algún momento, alguien de mala índole como yo se preguntaría cómo era posible que un Dios infinitamente perfecto y bueno creara sin embargo un mundo tan visiblemente dañado, decadente e insalubre para el alma humana. En el culebrón mitológico de los Avesta hay agentes alados (ángeles) que se alistan y combaten de un lado u otro de las hordas celestiales.
En el declarado apócrifo Libro de Enoc –o Enoch- quien fuera bisabuelo de Noé hay pérfidos ángeles rijosos que bajan a la Tierra desobedeciendo los mandatos del casto Yahveh para comerciar carnalmente con las señoritas de la zona de Canáan. Nacen hijos espantosos, los nefillims o gigantes que en Grecia serán los secuaces de Deucalión. Pero olvidemos por un momento a la progenie colosal y volvamos los ojos hacia los nombres de los ángeles mazdeos que adquieren ciudadanía judía al entrar por la ventana de contrabando en el Talmud.
Samael, Lucifer, Asmodeo, Belial y Satán fueron cosechados por temerosos rabinos en la Mesopotamia del exilio. Del cardumen maligno hicieron un cuerpo colegiado presidido por Satanás. Al traducir al griego la jauría maliciosa la afiliaron al partido de los “diábolos” que entre los griegos eran entidades menores que no cejaban en el intento de tentar a la gente para acometer pequeñas fechorías como el adulterio que es, por lejos, la más divertida. Como decía un amigo psiquiatra: los judíos inventaron el monoteísmo, la monogamia y la monotonía. Pero dejemos estas cuestiones vecinales y razonemos.
El matrimonio nos propone una relación dual ideal en la que cada parte (el marido, la mujer) complementa un todo que restablece la armonía preestablecida según el finado Leibtniz. En el caso del adulterio en esta díada interfiere un tercero/a que viene a romper el frágil equilibrio leibtzniano para canjearlo por el alternador edípico freudiano. Si ya tenemos tres personas distintas y ningún dios verdadero, ahora los satanistas, entre los que no dudaría en alistar al ilustre monsieur Denis de Rougemont, quieren convencernos de algo más insólito: en esa relación ya en sí misma complicada también cooperan demonios. Desoyendo el sabio principio de la navaja occamiana monsieur Rougemont me asegura que además de la trinidad adulterina hay que contar con el demonio instigador; y tal vez algún cadete infernal y de seguir así sumaremos un quinto y un sexto y en un abrir y cerrar de ojos habremos transformado el triángulo edípico en una cama redonda.
Basta hasta aquí este breviario del bellaco. Ya iremos descubriendo sus trápalas en sucesivas emisiones de este boletín, por ahora sigamos escuchando el “Sansón y Dalila” de Sain Saens.
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Alejandro maciel
martes 17 de abril de 2007
Job, o las mortificaciones del justo
JOB, O LA DEPRAVACIÓN
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DE LA JUSTICIA.
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La historia a contarles podría ser abreviada de este lacónico modo: la observancia de las leyes no garantiza a nadie una vida dichosa. Si se me permitiese (qué otro recurso le queda al lector o lectora, pobre gente…) la usura de restarle todo el sentido teológico al Libro de Job, texto irrefutablemente religioso, les pediría que me acompañasen a hurgar su argumento para demostrar lo que digo: la ley no siempre ampara a quienes la observan, la justicia puede ser una trampa. * * * * * I Había una vez un hombre en la tierra idumea de la ciudad de Hus, puro de espíritu, incondicional a la obediencia de Dios siendo el más poderoso de los hombres del naciente. Este hombre se llamaba Job. La abundancia de los bienes, que vienen y van le otorgó la felicidad que pueden garantizar las cosas efímeras. Tampoco le faltó el respeto que pagamos a la numerosa servidumbre cuando nos rodea. El júbilo acompañó a su casa, su esposa, su hacienda que al pacer clareaba los valles; sus hijos y su alma. Por las noches, meditaba tratando de descifrar en el mundo que lo rodeaba la escritura de ese Dios misterioso al que amaba más que a sí mismo; sin esperanzas de sentirse recompensado, ni saber si era amado o detestado más allá de sus propios dominios. Por un lado la vastedad del cielo que parecía envolver la tierra con una galería interminable de luces y destellos. A la izquierda de la torre de Hus el árido desierto de piedras rojizas perdiéndose entre caminos invisibles que en las siestas reverberaban como la llama de una alcuza. A la diestra, la llanura verdosa del collado umbrío que se adivinaba en los olores de la noche, en los susurros de las palmeras en lo alto, en el crujido transparente de la hierba bajo el plenilunio. Aquella noche Job, el hombre de Hus presintió la soledad por primera vez, como un mensaje escrito en símbolos que están grabados en el desierto y en las ondulantes dunas, en la llanura esmeralda, en el curso sinuoso de las aguas que bajan por la pendiente, en el pedregal estéril, en el día santificado por la luz y en la noche profunda de misterios. En todo leyó fragmentos de un mensaje cifrado y tuvo la inquietante sensación de ser leído al mismo tiempo. Después, se durmió para soñar un arenal de dunas, un desierto de piedras y una llanura verdecida por la luz. Algo, o alguien (el sueño como el de todos, era confuso y parco) lo condujo al desierto y en el desierto a una gruta socavada entre la roca donde se encontró después de instantes de angustia, con una mujer cuya serenidad invitaba al sosiego. Vestía una larga túnica blanca llena de pliegues que la suavidad de la luz marcaba tenuemente. “Venimos del verdor y vamos al desierto”, saludó al sueño de Job. Aunque la visión resultaba benéfica, Job presintió cosas aciagas porque lo que no decía la mujer lo decía el paisaje hosco de la caverna. En un rincón, goteaba agua. El eco incansable de las gotas se hizo insoportable igual que el viento de la desgracia que sopló toda la noche desde el desierto. Job también soñó con el trono del Cielo y a la criatura perversa negociando con el Altísimo unas apuestas desconocidas.[1] * * Pasó la noche llegó la alborada que despertó a la pesadilla a Job. El horizonte polvoriento trajo un jinete que se acercaba, sofocado. “Tu hacienda y tus pastores han sido aniquilados por los sabeos durante la noche, soy el único sobreviviente de la masacre y he venido a darte la noticia”. Job miró el suelo y recordó al instante dos abismos bajo las flores de loto en la ciénaga espesa: Behemot, la prueba furiosa del poder del Señor. El hombre mortificado se hundió en sus recuerdos pensando que la justicia pide resignación cuando vino otro mensajero: “una lluvia de fuego cayó sobre tus peones y tu rebaño, sólo yo pude salvarme para avisarte todo lo demás fue arrasado por el fuego”. Volvió a Job la turbidez de aquel sueño[2] con sus juncos uniformes, la fístula de bronce y la nasa, inútiles ante la cólera de Leviatán, el monstruo que acecha en los humedales. Recordando el sueño, volvió a soñar: la respiración sofocante que incendia la noche, los ojos que paralizan a los inocentes, la coraza de piedra que defendía el corazón invulnerable de la bestia. Job se compadeció de sí mismo; apartó sus ojos del resplandor del día que regocijaba el desierto cuando escuchó otro mensajero, otras penurias: “tus hijos e hijas celebraban cuando el viento del desierto entró por puertas y ventanas a derrumbar la casa donde comían. Murieron todos, únicamente he sido salvado para informarte”. Job cayó de rodillas desgarrando sus vestiduras mientras desde la pesadilla ascendía Leviatán del el abismo, haciendo hervir la ciénaga como si fuese una inmensa marmita; trillando los sembrados con su quijada inmortal a flechas y venablos. La ley del Señor así lo hizo. Job, desamparado, cantó una alabanza: “Tal como me entregó la matriz, desnudo, al mundo / he de volver a estar sin oros ni atavíos: desnudo / prestada mi carne miserable, el cuerpo desgraciado / al que quita Quien dio sus desventuras: el destino”. * * * * * II * * * * * La eterna disputa en medio del Cielo reinició. Todos los hijos de Jahveh, entre ellos Satanás se delegaron frente al Digno de toda alabanza como decía su víctima en la tierra: Job, el justo. ¿Ha visto la firmeza de mi hijo Job que permanece fiel a pesar del infortunio? Piel por piel, insidió el Tentador, hasta ahora has respetado su cuerpo pero escarmienta su hueso, hiere su carne y verás, oh Creador cómo blasfema en tu propia cara. Llovieron sobre el paciente Job úlceras y roñas que ensuciaron su piel desde la cerviz al calcañar. Pústulas y diviesos se abrían a la intemperie exudando un líquido viscoso y purulento. Inútilmente imprecó la esposa y rogaron sus allegados cubriéndose de cenizas como muestra de escándalos y oprobio ante el pecado. Job, tendido en el suelo áspero soñaba el bien con los ojos llagados por el mal. ¿Recibimos de Dios la felicidad y hemos de rechazar los dolores?, preguntó. Volvió su mirada resignada a la oración porque pensar en Dios ya es una forma de alabanza. Invocó las tinieblas de Leviatán contra el día que lo vio nacer. Comprendió que estaba solo porque el dolor no se comparte; se arrepintió de todas las acciones que ofenden al Señor, las pretéritas y las futuras; de todas las intenciones que lo desobedecen y aún de los sueños impíos.[3] Se arrepintió de la materia ineficaz de la que estamos hechos. Se arrepintió del arrepentimiento. Y Dios lo tuvo por su mayor testigo en la tierra. Pasó el tiempo, inexorable. Yahveh devolvió sus bienes a Job; hacienda, casas, hijos e hijas, todo llegó a superar en beneficios a lo expropiado por el mal. Curaron sus llagas y el precio del recuerdo hizo fortuna de todos sus infortunios. Larga fue su vejez y pacífico su atardecer en el mundo. Murió Job entregando como todos, su alma al misterio y su cuerpo a la calamidad de la disolución. Una luz excelsa llenó el tránsito y sintió en sí la ingravidez de los espíritus donde cada hombre es igual a la multitud de los que lo conocieron durante una vida. Igual a todos los resplandores. También ante la Gloria se sintió solo. Vio la Tierra en la que los cuatro elementos primordiales están tejidos con tanta intimidad que únicamente lo percibimos cuando la muerte adormece nuestros sentidos; largos tramos de una hebra translúcida que manufacturaban las Parcas, administradoras del tiempo humano, devanando y tejiendo sin cansar la madeja de las vidas que otros llaman destino y no es más que la manufactura de las tres viejas ancestrales. Una cadena de luz atada a los cielos[4], los hacía girar a partir de una fuerza invisible. A su amparo se congregaban las diminutas esferas iridiscentes que, encajadas unas en otras, justificaban el infinito concéntrico del universo. El sigiloso paso de la Luna cruzó la ronda dejando el palor de las huellas como quien camina sobre arena mojada. Vio la Sirena lunar, mitad pez mitad ángel; escuchó su voz entonando las primeras melodías de la escala armónica que corean las ocho voces de los ocho círculos y es la música del cielo. Siguió un esplendor más brillante que el de la arena reverberante cayendo a plomo sobre el sol en el desierto. Hasta el sol se afantasmó perseguido por la luz. La Sirena solar encantó el círculo con el cuerpo parpadeante como las llamaradas del crepúsculo al agonizar la luz diurna y después vio aparecer a Venus y el sexto círculo que lo envolvía. Escuchó la tercera voz del coro de las sirenas. Densas vaharadas de vapor o niebla ocultaban la marcha del astro mientras del lado opuesto se abría paso la voz vigorosa y monocorde de la Sirena de Marte que apareció impregnada del color de fuego que emanaba su atmósfera. Tenía el cuerpo de pájaro, recordándonos que siempre aspiraremos a volar más alto que nuestro destino; acaso un halcón gigantesco con las alas cruzadas delante del pecho y el rostro adolescente, de una belleza sensual que recordaba vagamente el de las niñas perversas de la costa eritrea, las que jugaban con el sexo sin saber lo que hacían convidando a los forasteros a coyundas indignas, propias de las famosas rameras babilónicas. La criatura, espantosa de belleza fijó su mirada clara en Job y éste tuvo compasión del recuerdo de su cuerpo llagado por primera vez hasta que Marte la ocultó en uno de sus retrocesos antes de perderse en los confines del recinto rojo. Con el tercer círculo volvió la serenidad en la blancura pacífica, el inmenso Júpiter y su Sirena blanca, mitad pez, mitad mujer que nos recordaba que alguna vez todas las criaturas salimos del mar. Vio la esfera cristalina que se desplazaba con lentitud arrastrando a la criatura pálida y su canto. Del segundo círculo llegó la otra nota de la armonía celestial con Saturno, sus anillos y su Sirena encerrada en un cubo transparente del que solo emergía la voz. La visión, o su recuerdo (la muerte cesa la sucesión que nos hace pensar en un “mañana” “ayer” o “después”) se hizo vertiginosa frente al infinito que nunca ha sido visto, como Dios. En el primer círculo ondulaba la pared de estrellas fijas tan brillante que aún los colores nunca vistos competían con el rojo, el verde y el profundo azul del fondo. Vio todas y cada una de las constelaciones en su lento movimiento eterno. Vio, una a una las doce casas del cielo: arqueros, leones, cabras, dragones, ovejas y mellizos de un jardín perdido retratados en el mapa del cielo. La Sirena estelar daba la última nota al concierto del universo. En la eterna estancia, muralla de la fortaleza de cristal, las tres Hijas del cielo y la tierra tejen en silencio las vidas mezclando hilos del pasado con la luz del porvenir, vestidas de blanco las viejísimas hijas de Temis toman crepitantes hebras de tiempo y las devanan entre sus dedos huesudos creando la ilusión de los mundos inferiores: la fe de instantes que pasan definitivamente para ser reemplazados por instantes que vendrán en su lugar. El tiempo no pasa, pasan las cosas inexorablemente porque la materia es sucesión como esas hebras crujientes que ellas deshacen y vuelven a moldear según su antojo para entregar presente continuo, bien y mal que cada cual invierte a su manera. Cuando se confunden toman el eje de los cielos como huso y giran alguna de las esferas o detienen el curso de una trayectoria astral y de este modo, accidentalmente, fabrican el único presente que está fuera de la ilusión. Mediante este ardid han llegado a pensar que el tiempo es fuerza mecánica. Pese a todo, pasaron las tres Damas. Job, nuevamente solo, infinitamente solo, vio una puerta labrada con la precisión de un geómetra en la morada sin límites donde las ocho voces del coro universal se convertían en una alabanza profunda como la risa de un niño. Por el dintel se escapaban los destellos de una luz tan diáfana que no admitiría sombra alguna; Job arrodilló su alma para rogar el primer y último perdón. Con temblor y esperanzas abrió la puerta. La luz lo encegueció y al recobrar la visión, lentamente, buscó lo que esperaba sin hallarlo en el resplandor. No había rastros de Dios ni se presentía Su presencia beatífica porque en su lugar acechaba lo ominoso: dos ojos que quemaban, el humo denso, el aliento inficionando el aire. Vio ante sí a Leviatán y Behemot de nuevo visitando su historia. Sintió deseos de llorar. Empezó de nuevo su oración, antes de volver al desierto. * * * * * * __________ * * * LA TÓMBOLA DEL CIELO
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> Cuando nos narran la historia de la creación del mundo, cualquiera de ellas, se dice que Dios (o dios) vino a poner orden en el caos al fundar el mundo. No comprendo el criterio de “orden” y de “caos” de los mitógrafos pero mejor sigamos de largo antes de empezar a debatir semántica, lo que nos obligaría a gastar los diccionarios a mano buscando etimologías. Ya comentamos al hablar mal de Moisés que a él se le atribuyen dos relatos de la creación del mundo, dos de la creación de la raza humana, dos del diluvio. No sé explicar esta duplicidad y duplicación sino aceptando lo que dicen los académicos e investigadores: es posible que el Pentateuco sea en realidad una antología o colección de relatos que circulaban por las tribus semíticas y después fueron recogidos en distintas relaciones. Cuando se recopilaron los textos quedaban dos opciones: eliminar una o publicar ambas. Si decidían eliminar una, ¿cuál de ellas? Ante la duda, los pundonorosos levitas y rabinos optaron por publicar ambas para legar al futuro la elección. Algo similar hace conmigo mi editora Vidalia y eso que ya pasaron más de dos mil años; pero evidentemente nada dura tanto como las costumbres editoriales. * Prosigamos. Ya hemos asociado (a fuerza de vincularlos) creación y orden. Pero de repente leemos el Libro de Job donde Satanás y Yahveh apuestan como si estuviesen en el bingo y no en un libro edificante. Si hay algo que se opone a la idea de orden es la idea de azar y para nuestra perplejidad en el cielo ordenado también cuenta el azar. Aquí mi mente obtusa tropieza con una objeción: el azar necesita de nuestra ignorancia del futuro para funcionar. De nada valdría hacer una apuesta si por algún método o triquiñuela yo pudiese advertir lo que sucederá mañana o pasado. Una sola persona capaz de “presciencia” (que es el atributo de Dios capaz de conocer todo; desde el remoto pasado al invisible futuro) serviría para invalidar la lotería, las tómbolas, quinielas y cualquier forma de apuestas o juegos aliados al azar ya que necesito un futuro imperfecto para organizar cualquier sorteo. * Básicamente, la relación entre Yahveh y Satanás se reduce a una apuesta según el Libro de Job: la eterna debilidad de la criatura humana frente a la pertinaz tentación del deseo. Satanás cree (él también tiene su fe) que el fervor religioso de Job se debe a la abundante provisión de bienes que Dios le otorgó. Si Cristo es Dios como afirman los trinitaristas, la apuesta vuelve a repetirse en el desierto (Lucas, capítulo 4) ¿A quién ofrece el poder temporal sobre la Tierra don Satanás? ¿A un hombre, abusando de su codicia desmesurada? ¿A Dios, que ya lo tiene? ¿Ignora que Cristo es Dios? * No obstante nuestras prevenciones, Dios y Satanás apuestan según el Libro de Job. Si Satanás, que lo conoce, sabe que Dios puede anticipar el futuro, ¿por qué acepta una apuesta en la que lleva obvias desventajas? Para compararlo en términos hípicos estimado lector, amable lectora; esto sería equivalente a un juego en el hipódromo entre usted y yo en el que usted arriesga su dinero en el caballo “Marsala” (el nombre es visiblemente postizo, nunca crié animales de raza) de mi propiedad contra una apuesta mía a otro caballo. Yo conozco mi equino, nació y se crió en mi cabaña, tengo el listado de todas las carreras que ya corrió y sé positivamente que de las 30 no ganó una. En cambio yo me arriesgo a un caballo desconocido y al menos tengo la ventaja de la duda de mi parte. ¿Aceptarían esta jugada? Pues Dios y Satanás que son más inteligentes que nosotros, están jugando en el Cielo. * * * * __________________________________________________ <>TAXONOMÍA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO * * * * * * *En el Libro de Job se menciona dos bestias fabulosas a quienes Dios pone como testigos insolentes de su poder: Behemot y Leviatán. Los exegetas siempre propensos a buscar en la tierra lo que está en el cielo de la mente de Dios han querido ver en Behemot al hipopótamo, por su aspecto brutal y su estancia en la ciénaga entre lotos y juncos (interpretación del Prof. Alejandro Díez Macho) en tanto que Fray Luis de León (“Exposición del Libro de Job”, edición de Fray Diego González, basada en la de 1779) opina que se trata del elephante. Pero no se agota aquí el intento de verificar en la tierra una idea divina. Hay otros intérpretes y otras bestias; personalmente prefiero traducir Behemot por Behemot entendiendo que se trata de una criatura creada únicamente en su forma, sin encarnación material ni actualidad real, una idea divina retenida en la esfera del Cielo que no alcanzó a producir las defectuosas copias de nuestro mundo fenoménico. Dios omitió actualizarla dejándola como potencia pura en lo alto, convencido de que con la idea basta para amenazar. Si esta explicación no satisface, ofrezco una segunda alternativa: Behemot fue (junto con el megaterio, los pteridáctilos y otras tantas armazones de la paleontología) un espécimen que no alcanzó a subir en el Arca de Noé y fue exterminado por el diluvio universal que sobrevino según estimaciones hace unos 10.000 años. Puede leerse con provecho el Libro de Job, 40:15 donde todavía sobrevive el verdadero Behemot para seguir conjeturando a voluntad. En cambio, Leviatán se impone desde las oscuras citas que lo invocan como una bestia ficticia propia de las faunas míticas a pesar de los ingeniosos argumentos del R.P. Alejandro Díez Macho quien, en las notas marginales de la edición de la Biblia que dirigió, supone que se trata del cocodrilo. Para el utilitarista Thomas Hobbes en cambio, se trata del Estado. [Leviathan, Or The Matter, Form, and Power of a Commonwealth Eccleasiastical and Civil (Leviatán, o la materia, la forma y el poder de un Estado eclesiástico y civil) libro que podría perseguirnos por las noches en forma de pesadillas considerando que anuncia dos pensamientos funestos para la sociedad:
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